Robert Mesén y su iniciativa de fomentar el ajedrez en Santo Domingo de Heredia


Robert Mesén y su iniciativa de fomentar el ajedrez en Santo Domingo de Heredia

En Santo Domingo de Heredia, el Proyecto Mis Primeras 64 Casillas se ha convertido en un motor de transformación educativa y social. Su creador, Rober Mesén Vega, destaca que la experiencia de promover el ajedrez en los centros educativos del cantón ha sido profundamente satisfactoria. Aunque en sus inicios se trató de un esfuerzo individual, pronto se convirtió en un trabajo colectivo en el que muchas personas han dedicado tiempo y energía para que los estudiantes pudieran acceder a esta disciplina, siendo Cynthia Méndez Zúñiga su principal colaboradora para que este sueño se haya podido hacer realidad

El proyecto se enmarca en la Ley 10187, que declara de interés público la enseñanza del ajedrez en el sistema educativo costarricense. Sin embargo, Robert señala que esta Ley al carecer de un Reglamento específico que facilite su implementación en las escuelas y colegios, ha representado un reto adicional. Aun así, en Santo Domingo el compromiso de los directores, bibliotecólogas y docentes ha sido clave para abrir espacios y permitir que los estudiantes participen en actividades y torneos. Para Mesén, lo más valioso es que el ajedrez no distingue estratos sociales ni económicos: une a las personas y fortalece el componente familiar, convirtiéndose en una herramienta de convivencia y recreación.

La participación de Santo Domingo en el clasificatorio hacia la etapa Continental del Mundial Escolar es un reflejo de ese esfuerzo. El cantón presentó cinco equipos al evento: tres de escuelas públicas y dos de escuelas privadas. Para las públicas, la participación significó un gran sacrificio tanto de las familias como de las instituciones, pero también una oportunidad única de crecimiento. Robert enfatiza que, más allá de los resultados, lo importante es que los estudiantes comprendan que se trata de un proceso formativo. La decisión de los centros educativos de apostar por enviar a sus alumnos a competir demuestra que el ajedrez puede ser un motor de inclusión y desarrollo.

Los beneficios que esta disciplina ha dejado en los estudiantes son múltiples. La autorregulación emocional, la disciplina, la concentración y la capacidad de seguir normas de comportamiento son algunos de los más destacados. Muchos de los jóvenes enfrentan retos como la ansiedad o la hiperactividad, y el ajedrez les ha permitido canalizar su energía y mejorar su atención. De formación Orientador, Rober observa cómo la práctica del ajedrez potencia la resolución de problemas y la toma de decisiones, habilidades que se trasladan a la vida cotidiana y que fortalecen una visión de futuro. Además, las familias también se ven beneficiadas, pues acompañan a sus hijos en este proceso y perciben diversos cambios positivos en los mismos.

Para Rober Mesén, el ajedrez no solo forma jugadores, sino personas capaces de enfrentar la vida con mayor claridad y confianza. Su meta es que cada vez más escuelas, especialmente las públicas, tengan acceso a proyectos como Mis Primeras 64 Casillas, y que el ajedrez pueda ser incluido dentro del Currículum reconociéndole como una herramienta educativa y social que “descubre talentos, impulsa la convivencia y crea constelaciones de estrellas que brillan dentro y fuera del tablero”.