PANAMERICANO DE AJEDREZ COSTA RICA, SUEÑOS Y REALIDADES

Por Alexis Murillo Tsijli

 

Decir que ha iniciado con total éxito el Festival Panamericano de Ajedrez de Categorí­as Menores, puede sonar como un típico. Sin embargo entre los eventos de ajedrez, este es uno de los más importantes del continente americano.

Su realización ha significado toda una revolución en el ámbito de la organización del ajedrez costarricense.

La visión de quienes lograron traer este evento a nuestro paí­s, pese al escepticismo mayoritario, provocó un despertar en toda la comunidad. Esto lleva a algo más grande: no es lo mismo prometer hacer que hacer, y es grande el mérito de quienes lograron hacer de este Panamericano una realidad.

En los últimos años el ajedrez costarricense ha gozado de muy buena salud. No nos limitamos a considerar que algunos jugadores han representado dignamente al país en olimpiadas o que un veterano logre ser el segundo gran maestro que da nuestra patria.

Tampoco faltan jugadores con condiciones de tomar la responsabilidad de la máxima representación para la próxima década.

Más allá de esos pasos, se nota un fenómeno más duradero, más significativo, de mayor impacto.

Antes teníamos a los torneos de ochenta o cien personas como grandes eventos que ya desafiaban la capacidad logística y administrativa de nuestra comunidad y Federación.

En el año 1969 se realizó en Costa Rica la VII Serie Centroamericana y del Caribe de Ajedrez por Equipos. Aparte de Costa Rica, sólo participaron otros seis países. Por muchos años ese torneo fue legendario, conocido como el más grande evento realizado en Costa Rica.

Luego, claro está, irrumpieron con gran fuerza y efecto los famosos Abiertos de Alajuela.

Pues bien, ya todo esto palidece. Todo esto es pasado. En el nivel local, la última Etapa Clasificatoria de Juegos Deportivos Nacionales de este año 2017 convocó a unos cuatrocientos jugadores. Y esto parece ser una tendencia al alza que tiene ya varios años y no da señales de desaceleración.

Más todaví­a: este gran Festival Panamericano ha congregado unos 480 jugadores. ¡Nada mal!

Y tenemos además una prueba irrefutable de la capacidad de la organización para llevar adelante con éxito un evento de esta magnitud. ¿Qué mejor prueba que enfrentar una situación imprevista y de fuerza mayor?  Pues he aquí­ que se produjo un gran apagón en toda Costa Rica, al parecer en toda Centroamérica. Esto cerca de la hora de inicio de la primera ronda.

Claro, no se logró la completa puntualidad para empezar, se tenía que imprimir los documentos de la ronda. Estos debí­an incluir a los jugadores que se inscribieron en los últimos minutos.  No funcionaban las impresoras, no funcionaban algunas conexiones a la Internet. Pero se logró superar toda dificultad en menos de media hora y se logró dar inicio con completo orden la ronda.

Esto tiene un gran mérito, en tiempos en que dependemos tanto de la electricidad y la tecnologí­a.

En este momento en el que escribo, mientras se juega la primera ronda del torneo, veo la gran sala del Centro Internacional de Convenciones del Hotel Herradura, a medio camino entre el Aeropuerto Juan Santamaría y la Ciudad de San José. Estamos en medio de una zona hotelera de mucho prestigio. En la sala, a mi derecha veo a niños muy emocionados, que van haciendo correr a los árbitros esporádicamente.  A mi izquierda están los adolescentes. Más concentrados.  Muchos parecen esfinges. Otros quieren demostrar despreocupación con cortos paseos. Miran las mesas de sus amigos y rivales.

Afuera, los padres, los entrenadores, los delegados. Sentados en mesas, algunos trajeron tableros para jugar y para el post mortem. Si no trajeron no importa, pueden comprarlos a unos pasos de distancia, igual que pueden comprar tazas, camisetas, llaveros y demás, todo con motivos de ajedrez.

Tampoco faltan otros atractivos paralelos, como la presencia de la excampeona mundial Susan Polgar, quien impartirá conferencias, dará simultáneas, vende sus numerosos libros, y hace reportajes internacionales. No olvidemos que firma muchos autógrafos.

Todos están aquí­. Yo también. Aunque debo confesar que por un momento mi mente me transporta y me vi en un futuro, uno no muy lejano, en el que estos jovenes de tantos países de nuestro continente vendrán de nuevo a Costa Rica.  Y vendrán también de otros continentes, todos a participar en una Olimpiada Mundial de Ajedrez.

Veo grandes cosas hoy, no puedo evitar seguir soñando con mucho más. ¡Está probado que es posible!